Madera y terremotos: de la tradición constructiva a la nueva tecnológica

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Madera y terremotos: de la tradición constructiva a la nueva tecnológica

2026-08-20 | Bonsai Arquitectos

1472 palabras, 8 minutos de tiempo de lectura.

Imagen: vestíbulo de edificio de 11 plantas, 44 m en Yokohama. Fuente: obayasi.co.jp

Construir en un territorio sísmico significa aceptar que la arquitectura no está siempre quieta. Significa diseñar edificios capaces de acompañar el movimiento, deformarse, disipar energía y, sobre todo, proteger la vida de quienes los habitan.

La madera lleva siglos formando parte de esa historia. El ejemplo más citado suele ser Japón, uno de los territorios sísmicamente más activos del planeta, donde la construcción tradicional desarrolló durante generaciones sofisticados sistemas estructurales basados en entramados de madera, uniones y elementos capaces de admitir deformaciones.

Imagen:  Templo Horyu-ji en Ikaruga, 607 d. C. Fuente: diariodelviajero.com

Pero Japón no es una excepción. A lo largo de la historia, distintas culturas que habitaban territorios expuestos a terremotos desarrollaron soluciones constructivas en las que la madera desempeñaba un papel estructural fundamental. En Anatolia, los Balcanes, Grecia y el sur de Italia encontramos diferentes sistemas de entramado de madera y soluciones mixtas que aprovechaban cualidades como la ligereza, la flexibilidad y la capacidad de deformación de este material. No eran necesariamente arquitecturas concebidas desde una teoría sísmica, sino respuestas vernáculas construidas a través de siglos de experiencia y adaptación al territorio.

La ligereza de la madera constituye, además, una cualidad especialmente relevante frente a los terremotos. Cuanto menor es la masa de un edificio, menores son las fuerzas de inercia que genera durante un movimiento sísmico. A ello se suma la posibilidad de diseñar uniones capaces de admitir deformaciones y disipar parte de la energía sin producir un fallo frágil. Estas características explican el interés que la madera ha despertado históricamente en diferentes regiones sísmicas y que hoy pueda ser estudiada y optimizada mediante la ingeniería estructural contemporánea.

Una tradición constructiva que también pertenece a Granada

Esta relación entre madera, territorio y arquitectura no es ajena a Granada. La ciudad conserva una larga tradición constructiva en madera, heredera de la sofisticada cultura desarrollada durante el periodo nazarí y transformada posteriormente en la arquitectura mudéjar granadina. La carpintería de madera formó parte de la estructura misma de numerosos edificios: armaduras de cubierta, alfarjes, galerías, pies derechos y zapatas constituyen una parte esencial de la arquitectura histórica de la ciudad. La tradición mudéjar no fue únicamente un lenguaje formal, sino también un conocimiento constructivo transmitido sabiamente a través de los oficios y adaptado a los recursos y condiciones del territorio.

Imagen: Salón de Comares, Granada, 1333-1354 d.C. Fuente: Patronato de la Alhambra.

A esta tradición se suma una materia prima profundamente vinculada al paisaje de Granada: el chopo. Cultivado de forma extensa en la Vega, su madera fue utilizada durante siglos en la construcción local. Los estudios sobre las maderas históricas del Albaicín han identificado el chopo en rollizos, tablazones y otros elementos constructivos de edificios históricos, favorecido por su disponibilidad, su bajo coste y su ligereza.

La expansión del cultivo del chopo en la Vega de Granada durante la época contemporánea reforzó todavía más esta relación entre paisaje, economía y construcción. El rollizo de chopo continuó formando parte de las soluciones constructivas locales hasta bien entrado el siglo XX, manteniendo viva una cultura material en la que el árbol, el territorio y el edificio formaban parte de un mismo ciclo.

No se trata, por tanto, de recuperar hoy la madera como un material extraño a Granada. Existe aquí una memoria constructiva mucho más profunda: una tradición de carpintería y de sistemas ligeros que supo aprovechar los recursos disponibles y convertirlos en arquitectura adaptativa en un entorno donde los terremotos siempre fueron habituales.

De la sabiduría constructiva a la arquitectura adaptativa contemporánea

La ingeniería estructural en la actualidad permite llevar algunas de aquellas cualidades mucho más lejos. El desarrollo de la madera contralaminada (CLT) ha transformado un material tradicional en un sistema estructural industrializado capaz de trabajar con grandes paneles que integran muros, forjados y cubiertas.

La precisión de fabricación, la ligereza del sistema y el diseño específico de sus uniones permiten obtener edificios con un comportamiento estructural especialmente interesante frente a las acciones sísmicas. Pero el interés contemporáneo de la madera no se limita a su comportamiento estructural.

La construcción y el uso de los edificios representan una parte muy significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En este contexto, la utilización de materiales de origen biológico como la madera puede contribuir a reducir la huella de carbono incorporada de los edificios, especialmente cuando procede de bosques gestionados de forma sostenible y se mantiene almacenada durante la vida útil del edificio.

La madera introduce además una diferencia fundamental respecto a muchos materiales convencionales: el carbono que el árbol ha capturado durante su crecimiento permanece almacenado en el producto de madera mientras este se conserva. Por eso, la elección del material y la gestión forestal de origen forman parte inseparable de cualquier estrategia seria de construcción con madera.

A esta dimensión material se suma otra: la eficiencia energética. Los sistemas constructivos basados en madera permiten configurar envolventes continuas y altamente aisladas, reduciendo las pérdidas y ganancias térmicas y facilitando la consecución de edificios de muy bajo consumo energético. La estructura deja así de entenderse como un elemento independiente del comportamiento ambiental del edificio: el sistema constructivo puede contribuir simultáneamente a su estabilidad, su eficiencia energética y la reducción de sus emisiones.

Es esta convergencia entre estructura, energía y carbono la que convierte a la madera tecnológica en una de las herramientas más interesantes para transformar la construcción contemporánea.

Calle Cuenca: madera estructural en el centro de Granada

En Bonsai tuvimos la oportunidad de llevar esta evolución un paso más allá con el desarrollo, entre 2014 y 2015, del proyecto y la obra del edificio de apartamentos de Calle Cuenca, en Granada.

Fue un proyecto pionero en su momento y el primer edificio de varias plantas construido con paneles de madera contralaminada (CLT) en Andalucía. Para situarlo en el contexto de la introducción de esta tecnología en España, el primer edificio de varias plantas construido con este sistema había sido el edificio de viviendas de la calle Cavallers, en Barcelona, finalizado apenas unos meses antes, en 2014.

Situado en pleno centro histórico de Granada, el proyecto se planteó desde el inicio a partir de una estructura y una envolvente integral de paneles de CLT. La madera dejaba de ser un elemento puntual, un acabado o un revestimiento para convertirse en el propio sistema constructivo del edificio: muros, forjados y cubierta forman un conjunto estructural ligero, preciso e industrializado.

Esta decisión respondía a una búsqueda que iba mucho más allá de la elección de un material. Por una parte, buscábamos aprovechar las cualidades estructurales de la madera en una ciudad situada en un territorio sísmicamente activo. Por otra, explorar las posibilidades de un sistema constructivo capaz de reducir la huella de carbono de la edificación y, al mismo tiempo, alcanzar una envolvente de elevada eficiencia energética.

El resultado fue un edificio en el que las distintas prestaciones del sistema no funcionan de manera aislada. La ligereza de la estructura, su capacidad de respuesta frente a las acciones sísmicas, la continuidad de la envolvente, el aislamiento térmico y el menor impacto asociado al uso de un material renovable forman parte de una misma estrategia arquitectónica.

Aquel proyecto supuso para Bonsai una primera aproximación a las posibilidades de la madera tecnológica aplicada a la edificación en altura y una demostración de que era posible introducir sistemas contemporáneos de construcción con madera en un contexto urbano, histórico y sísmicamente activo como Granada.

Más de una década construyendo con madera tecnológica

Desde entonces hemos continuado investigando y poniendo en práctica distintas soluciones constructivas en madera, desde sistemas de CLT y entramado ligero hasta combinaciones entre ambos, bajo los criterios del estándar Passivhaus.

Una línea de trabajo coherente en la que estructura, eficiencia energética y reducción de la huella ambiental se entienden como partes de una misma estrategia, capaz de responder tanto a las exigencias actuales de la construcción como a las condiciones climáticas que ya estamos experimentando.

Más de una década después, aquella experiencia nos permite entender soluciones como el CLT y el entramado ligero no como una ruptura con la tradición constructiva de la madera, sino como su evolución contemporánea: sistemas capaces de reunir algunas de las cualidades que históricamente hicieron de la madera un material adecuado para construir en territorios que se mueven, junto con nuevas exigencias que hoy resultan inseparables de la arquitectura: reducir emisiones, consumir menos energía, mejorar el confort y construir con mayor precisión.

Quizá ese sea, en el fondo, uno de los aprendizajes que podemos extraer de la larga relación entre arquitectura y territorio: no se trata de vencer a la naturaleza, sino de aprender a habitarla. De entender sus ritmos, sus límites y sus movimientos; de construir con ellos en lugar de construir contra ellos.

La arquitectura siempre ha sido, en buena medida, una forma de adaptación. La historia nos muestra que el verdadero progreso no consiste en construir contra la naturaleza, sino en comprenderla lo suficiente como para construir con ella.

Granada tiene hoy la oportunidad de volver a ser una ciudad ejemplar en esa capacidad de adaptación. Una ciudad que, desde el conocimiento de su territorio y de su propia tradición constructiva, sea capaz de responder con inteligencia a los rigores del clima y a sus condiciones sísmicas, convirtiendo sus desafíos en oportunidades para la innovación constructiva.

Desde Bonsai trabajamos día a día para aportar nuestro granito de arena y contribuir a que así sea.

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